Hablemos de sexo… ¿o no?

La comunicación entre padres e hijos se considera uno de los pilares principales de la relación familiar, en un plano de confianza total que no siempre se da, por desgracia. Sí, es bueno hablar de todo entre progenitores y vástagos, lo que no está claro es si estas conversaciones deben hacerse en un plano de amistad total, o de la natural autoridad de que todo padre y madre deben estar investidos. Lo ideal, dicen los expertos, sería encontrar un equilibrio entre ambas cosas, pero ¿es posible hacerlo?

En realidad, sería bueno analizar el papel de la familia en la educación sexual, sobre todo desde la el punto de vista paternal. De hecho, no creo que ningún progenitor, ni hombre ni mujer, esté preparado para aceptar que sus hijos e hijas van a convertirse en adultos que van a practicar sexo, aunque por supuesto sepan que va a pasar; así, es difícil pedir que tengan una conversación con ellos sobre el tema de forma normal, como si hablaran del menú del día siguiente, o de dónde van a ir de vacaciones el próximo verano. En nuestras mentes, los hijos nunca crecen aunque lo tengamos ante nuestros ojos, y aunque la realidad nos golpee con fuerza justo delante de nuestras narices, como padres normales esperamos ignorarlo, o pensamos que el momento se dilatará lo antes posible. Así que, ¿cómo hablar de sexo con nuestros hijos cuando los propios padres no estamos preparados?

En realidad, a veces me pregunto si estas conversaciones que hasta cierto punto no surgen de manera natural tiene algo que ver con esos videos de incestos HD que disfrutamos cuando vemos porno online. Quizá no nos pase por la mente realizar esta práctica con un familiar cercano, y mucho menos con uno de nuestros vástagos, pero ¿no nos resulta algo morboso en realidad? Claro, siempre que lo hagan otros, jeje. Pero quizá haya algo en la naturaleza humana que no es tan ajena a las relaciones incestuosas, aunque por supuesto calen en nuestros cerebros todas las connotaciones éticas y morales, cuando no científicas y sociales, que el asunto conlleva. Y el hablar de sexo con los hijos es, cuando menos, complicado, y activa parte de nosotros que normalmente no están despiertas.

De todas formas, repito: los expertos indican que las conversaciones sexuales entre padres e hijos son necesarias para el sano crecimiento de los segundos, aunque no hablan de cómo debería afectar esto a los primeros. Ni tampoco de si hay alguna técnica, en cualquier caso. Pero también quiero ponerme en el lugar de los hijos, y dudo de que surja tan fácilmente un exceso de confianza tal para hablar con cualquiera de sus padres de un tema tan íntimo como el sexo. ¿Y cual sería una solución? Pues resulta que algo ayudaría a la situación si estas conversaciones empezaran a una edad muy temprana, claro está, de una forma adecuada y adaptada a la edad y el desarrollo del hijo o hija.

Espero que alguno de los expertos que han dado esta última solución entiendan que  uno ya hace lo posible por ser un buen padre, e incluso con la mejor de las intenciones, siempre tenemos alguna carencia. ¿Y además tenemos que ser psicólogos? ¿O acaso nos quieren hacer ver que en todo en este proceso se necesita la ayuda de un profesional? Puede que la forma tradicional de educar a los hijos no sea muy acertada, y que ciertos rasgos de ella tengan que ser mejorados, pero creo que el ser unos buenos padres en la edad moderna pronto se va a convertir en una carrera universitaria, como si necesitaras llevar un diploma bajo el brazo, y con buena nota, además.

Los míos, los tuyos… cómo llegar a los “nuestros”

De cada problema, conflicto, dificultad o desacuerdo que cada uno de nosotros tenemos en pareja con nuestros hijos (grandes, pequeños o medianos, lo mismo da) se podrían escribir tomos y tomos, todos más largos que el Quijote. Pero, ¿qué pasa cuando esos mismos problemas se dan con los hijos de otro, es decir, con los de nuestra nueva pareja?  Las personas divorciadas rehacen sus vidas y se casan o viven juntas con la otra persona en su misma situación, con lo cual es normal que, tengan custodia compartida o completa, haya que relacionarse y vivir un tiempo con los hijos del otro. ¿Estamos realmente preparados para esto?

La respuesta, rápida y contundente, es NO. Y no porque sea imposible, ni porque no se quiera intentar hasta el cansancio, sino porque es una situación que no se puede preveer, y que sólo puede vivirse en el momento en que te toque, y día a día, con pocas posibilidades de adelantar nada. De hecho, no nos debe tomar por sorpresa esto, pues en realidad tampoco estamos preparados para todos lo que vivimos con nuestros propios hijos, por mucho que creamos conocerles; así que esta situación sería similar, aunque por supuesto con la dificultad añadida de la paternidad o maternidad ajena. Entonces, ¿no hay nada qué hacer, excepto rezar para que sea una hora corta, como se suele decir?

Bueno, por supuesto no hay una receta mágica, y a veces es tan complicado que es necesario acudir a la ayuda profesional, sin que ello nos tenga por qué avergonzar ni causarnos ningún timo de trauma. Sin embargo, navegando por la red, se llega a conocer a mucha gente que ha tenido esa misma experiencia, y resulta muy interesante conocer sus puntos de vista; de hecho, una bloguera casada por segunda vez desde hace muchos años, y con una familia numerosa de cinco hijos entre 20 y 30 años (tanto propios como de su marido) creyó que sería buena idea dar estos  pocos pero preciosos consejos:

Olvídate del concepto de familia tradicional: Según ella, es muy importante esto, y además bastante lógico, puesto que si no pudiste hacer que funcionara un matrimonio tradicional con hijos en común, ¿cómo vas a mantener con las mismas técnicas uno que en todo va a resultarte novedoso?

Abraza la diversidad: Abre tu mente y comienza por olvidarte en lo posible de reglas, costumbres y actividades en común: en la misma casa van a vivir personas muy diferentes, que se han tratado muy poco hasta ahora y con las mismas dificultades para la convivencia que los demás. Hay que saber relajarse y vivir cada día sin pensar demasiado en el próximo.

Aprende a decir “sí”: Lo sabemos, tienes tus propias reglas arraigadas y quieres que los hijos de tu pareja también las acaten; pero al poco te darás cuenta de que todo irá mucho mejor si eres flexible de vez en cuando, aceptas cambios y actitudes que no te parecen tan correctas, pero que al final te traerán el beneficio de la aceptación. Y además, siempre puede ser una excusa para una negociación.

Compra un perro: Seguramente pensarás: ¿otro más en casa? Pero al final verás que es lo único que pone de acuerdo a un montón de chicos activos y testarudos: educar a un nuevo miembro de la familia (eso, si no te has planteado aumentarla con un nuevo vástago, jeje).

El hijo 21, otro concepto de familia numerosa

Realmente, el tema de tener hijos se ha vuelto bastante complicado en nuestra sociedad; algo que no hace mucho se tenía como un valor importante, y que se consideraba un objetivo en la vida de cualquier persona, ha ido perdiendo poco a poco ese carácter de necesidad que todos parecían compartir. Quizá la cosa no sea no tener hijos, aunque ya son muchas personas y muchas parejas las que deciden esto libremente y sin traumarse; el cambio ha venido por poner otras cosas y valores por delante de la paternidad/maternidad, y retrasar ésta hasta haber conseguido otras prioridades que hayamos considerado.

Así, el tener hijos se ha ido retrasando hasta los 30, e incluso más allá, y por supuesto esto ha influido significativamente también en el número de ellos que se está dispuesto a tener. Al tener el primer vástago a una edad ya avanzada, y comprobar que nuestra vida cambia sí o sí, no sólo nos lo pensamos más al tener el segundo, sino que además tenemos en cuenta que cumplimos años y que estos no pasan en balde. Por eso, el encontrar una familia que no sólo tiene dos hijos, sino que además se atreve a ir por el tercero, es casi una hazaña en estos días.

Pero, ¿qué tal si escuchas de un matrimonio que ha anunciado que serán padres por 21ª vez? No, es una broma, es completamente en serio, y muy real. El matrimonio formado por Noel y Sue Radford, de 47 y 43, anunció en su cuenta de Instagram que esperaban la llegada de un hijo, después de haber traído a este mundo veinte más. Así, esta pequeña, pues ya se sabe que será una niña, será casi treinta años más joven que su hermana mayor que, ya casada, también ha dado a esta familia ya tres nietos, una tercera generación que será mayor que su propio tía.

Los Radford son considerados la familia más grande del Reino Unido. Se conocieron en un centro de adopción cuando apenas eran unos adolescentes; tuvieron su primer hijo cuando Sue apenas tenía 14 años, y con 17, cuando se casaron, ya iba embarazada del segundo. Estos padres han tenido que trabajar muy duro para alimentar tantas bocas; tuvieron su propio programa en televisión, pero siempre dejaron claro que no recibían ninguna ayuda extra de ningún organismo, sólo las oficiales del estado. En enero del año pasado  comentaron que su hijo pequeño, Archie, sería la última incorporación al clan, pero ocho meses después daban la buena noticia del embarazo de su nueva pequeña.

Como veis, no todo el mundo piensa que ser padre no es prioritario, ni que tener familia numerosa es una locura, jeje.