Los míos, los tuyos… cómo llegar a los “nuestros”

De cada problema, conflicto, dificultad o desacuerdo que cada uno de nosotros tenemos en pareja con nuestros hijos (grandes, pequeños o medianos, lo mismo da) se podrían escribir tomos y tomos, todos más largos que el Quijote. Pero, ¿qué pasa cuando esos mismos problemas se dan con los hijos de otro, es decir, con los de nuestra nueva pareja?  Las personas divorciadas rehacen sus vidas y se casan o viven juntas con la otra persona en su misma situación, con lo cual es normal que, tengan custodia compartida o completa, haya que relacionarse y vivir un tiempo con los hijos del otro. ¿Estamos realmente preparados para esto?

La respuesta, rápida y contundente, es NO. Y no porque sea imposible, ni porque no se quiera intentar hasta el cansancio, sino porque es una situación que no se puede preveer, y que sólo puede vivirse en el momento en que te toque, y día a día, con pocas posibilidades de adelantar nada. De hecho, no nos debe tomar por sorpresa esto, pues en realidad tampoco estamos preparados para todos lo que vivimos con nuestros propios hijos, por mucho que creamos conocerles; así que esta situación sería similar, aunque por supuesto con la dificultad añadida de la paternidad o maternidad ajena. Entonces, ¿no hay nada qué hacer, excepto rezar para que sea una hora corta, como se suele decir?

Bueno, por supuesto no hay una receta mágica, y a veces es tan complicado que es necesario acudir a la ayuda profesional, sin que ello nos tenga por qué avergonzar ni causarnos ningún timo de trauma. Sin embargo, navegando por la red, se llega a conocer a mucha gente que ha tenido esa misma experiencia, y resulta muy interesante conocer sus puntos de vista; de hecho, una bloguera casada por segunda vez desde hace muchos años, y con una familia numerosa de cinco hijos entre 20 y 30 años (tanto propios como de su marido) creyó que sería buena idea dar estos  pocos pero preciosos consejos:

Olvídate del concepto de familia tradicional: Según ella, es muy importante esto, y además bastante lógico, puesto que si no pudiste hacer que funcionara un matrimonio tradicional con hijos en común, ¿cómo vas a mantener con las mismas técnicas uno que en todo va a resultarte novedoso?

Abraza la diversidad: Abre tu mente y comienza por olvidarte en lo posible de reglas, costumbres y actividades en común: en la misma casa van a vivir personas muy diferentes, que se han tratado muy poco hasta ahora y con las mismas dificultades para la convivencia que los demás. Hay que saber relajarse y vivir cada día sin pensar demasiado en el próximo.

Aprende a decir “sí”: Lo sabemos, tienes tus propias reglas arraigadas y quieres que los hijos de tu pareja también las acaten; pero al poco te darás cuenta de que todo irá mucho mejor si eres flexible de vez en cuando, aceptas cambios y actitudes que no te parecen tan correctas, pero que al final te traerán el beneficio de la aceptación. Y además, siempre puede ser una excusa para una negociación.

Compra un perro: Seguramente pensarás: ¿otro más en casa? Pero al final verás que es lo único que pone de acuerdo a un montón de chicos activos y testarudos: educar a un nuevo miembro de la familia (eso, si no te has planteado aumentarla con un nuevo vástago, jeje).